Hoy terminamos nuestra discusión en torno a una de las formas teatrales más antiguas de Japón. En la entrada anterior hablamos ya del Sarugaku no , que es mejor conocido como teatro Nō y esbozamos un poco de sus tantos siglos de historia. Destacamos su privilegio al ser un arte de shogunes (quienes le permitieron avanzar en el tiempo) y su crisis durante el inicio de la era Meiji que continuó hasta después de la Segunda Guerra Mundial. 

Lo cierto es que el Nō sigue entre nosotros, ahora como patrimonio inmaterial de la humanidad gracias a la UNESCO. En esta entrada hablaremos acerca de su relación con el arte en Japón, además de sus elementos en escena. Empecemos por sus participantes: ayudantes en escena, músicos, actores y el coro. 

En el Nō hay cuatro músicos, tres sentados y uno arrodillado, de izquierda a derecha se encuentran el flautista, después dos percusionistas que además se encargan de los característicos gritos; el último (que está de rodillas) toca el llamado ‘tambor de banquetas’ y detrás de él se sitúa un asistente de escena. Al igual que ocurre con los músicos de otras artes escénicas, aquellos que se dedican al Nō deben contar con un linaje que se transmite de escuela a escuela a través del tiempo. 

Hablando del coro, este se conforma por seis u ocho personas que se arrodillan en dos filas al lado del escenario principal. Su función es recitar un monólogo, a veces sustituyendo la voz del protagonista o dar explicación a los hechos con unas voces guturales muy características. 

Los personajes en escena son básicamente dos: shite y waki, el primero es el principal, aquel que usa máscaras (excepto cuando personifica hombres de mediana edad) y cuyo vestuario es más elaborado que el de su compañero en escena. Puede personificar mujeres, ancianos, fantasmas, guerreros, etc. Mientras tanto, el waki es el personaje secundario, quien nunca usa máscaras, pues representa a los humanos, su papel es incitar al shite, formularle  preguntas, dar cuenta de los hechos antes de la aparición del protagonista y hacerle solicitudes.

Shōzoku es el nombre que lleva el vestuario del Nō, este varía de acuerdo al género del personaje, su edad y estatus, particularmente en el shite. Los colores se asocian específicamente a un tipo de personaje y se utilizan como un elemento más de la escena; recordemos que en Japón, donde el vacío es tan importante, es el vestuario el que lleva la carga dramática y expresiva, además de contraponerse a los llanos colores de las máscaras. 

El repertorio de obras se divide en cinco tipos, un grupo puede representarse en cualquier época del año, mientras que las otras cuatro pertenecen a una estación en particular; esta división se ve reflejada también en los vestuarios,  que cambian según la época del año. 

Una parte importante del Nō es el uso de la máscara que, como ya hemos hablado en otras entradas, es un común denominador de las artes teatrales japonesas. La máscara del Nō carece de colores vivos, además de proveer al actor de una visión limitada, pues solo cuenta con dos pequeños orificios en la parte de los ojos. Las limitaciones visuales refuerzan la necesidad de que los actores establezcan puntos de referencia en el escenario y así dirigir sus escasos movimientos. Existen diversos tipos de máscara, las más utilizadas son: 

  • Hannya: representa al espíritu maligno de una mujer que ha muerto por ira hacia algún amante. Se caracteriza por su expresión aterradora y sus cuernos dorados. 
  • Okame: es la máscara para representar mujeres bellas; es completamente blanca, con labios rojos y unas cejas pequeñas. 
  • Okina: la máscara de los ancianos; tiene barba y cejas pobladas. 
  • Yakan: esta máscara se usa para representar a una bestia. 

El valor de la máscara por sí mismo es realmente poco si se compara con la maestría que debe dominar el actor para dotarla de expresiones, pues debido a la forma en que están talladas pueden ganar valores al contraste con la luz, esto siempre y cuando el actor sea capaz de hacer movimientos sutiles que permitan al público observar dichos cambios. 

Máscara de tipo Okame

Como vemos, el teatro Nō es un amante de la simplicidad: su escenario carece de objetos y por ello la atención del público puede centrarse en los sonidos y la acción de los personajes. Las máscaras simples se utilizan para que podamos inferir cada emoción gracias a los movimientos sutiles y lentos. En gran medida esta forma teatral es uno de esos rollos de la época cortesana, carente de grandes detalles y con personajes simples de facciones casi inexistentes, donde era posible hacer interpretaciones a través de elementos limitados. 

Javier Vives explica además la tendencia a la verticalidad, que recorre muchos otros artes japoneses y que en el Nō se observa en los movimientos del actor. El autor relaciona esto directamente con la visión espiritual del japonés, que no  tiene dioses a los que busca en los cielos, sino en su mismo plano de la existencia, en el corazón de las cosas, en su inicio y su propio final. 

Me parece que el Nō gozó de mucha preferencia a lo largo del tiempo, pero eso no quita su valor como forma teatral; poder observar a un actor moviéndose lentamente en un escenario que parece vacío, pero que se llena con las voces, los sonidos (disonantes para el espectador occidental) y los colores del vestuario, es indudablemente una experiencia invaluable y fuera de este mundo. 

Referencias: Vives, Javier (2010), El teatro japonés y las artes plásticas. Satori.