He who binds to himself a joy

Does the winged life destroy

He who kisses the joy as it flies

Lives in eternity’s sunrise

Eternidad, de William Blake

En esta aventura escritural que ha sido la columna 18-55 letras, he notado una constante: las cosas sobre las cuáles escribir parecen terminarse antes que las ganas de seguir fotografiando. He pensado que un fotógrafo mediocre es aquel que piensa que ya no hay nada que fotografiar y es algo que me había estado pasando hace un par de meses. Siempre son las mismas montañas, me decía a mí misma. Pero, ¿siempre son los mismos atardeceres? ¿Siempre es el mismo río? ¿El hogar? E incluso nosotros mismos, ¿siempre somos los mismos? Más preguntas que surgen cuando duermo y cuando despierto.

De ese modo, llegué a la conclusión de que no quería ser una fotógrafa mediocre, pues siempre tenemos que buscar –ese algo- que nos haga sentir. Sentir lo que sea, no olvidarnos nunca de sentir. Lo mismo pasa con la escritura, muchas veces pienso que ya no hay nada más que decir, pero eso también es de –intentos de columnistas mediocres-.  ¿De qué hablar cuando ya no tienes nada que decir? Resulta imposible que, a veces, parece que se nos acaban las palabras.  Por eso es que hoy, en 18-55 letras, quiero reflexionar un poco sobre la capacidad del crear, decir, ilustrar, hacer, plasmar, fotografiar o en su defecto, escribir, cualquier acción que resulte del pensamiento.

Aquel que se desenvuelve en distintas artes, ¿presenta siempre un mismo discurso? Me refiero, por ejemplo, a lo que llega a comunicar una fotografía contra lo que dice un texto del mismo autor. Si por ejemplo, en ambas artes se plantea el mismo tema, ¿cómo se va a representar en cada una de estas expresiones la idea que se quiere desarrollar? En la fotografía, podemos ser más conceptuales si hablamos del amor, pero más documentales cuando hablamos de la guerra. En la escritura, puede que esto cambie, que las palabras nos den apertura para expresar a profundidad los sentimientos; mientras que los hechos pueden ser planteados de distintas formas. Ya sea el medio que se use para expresarse o manifestarse, al final, lo que importará será el cómo y de qué manera lo moldeamos a nuestra manera.

Pienso en el genio británico decimonónico William Blake. Es reconocido por la brillantez de su poesía, permeada del Romanticismo y del Simbolismo de su época; pero también por sus pinturas. La técnica que manejaba en ambas artes era excepcional y de una complejidad que considero que rara vez se logra alcanzar, esto gracias a su gran misticismo y conexión con lo onírico. Tanto su obra pictórica como poética es muy grande, y él consideraba que ambas estaban fuertemente ligadas: había encontrado la comunión o la posible interdependencia entre ambas (una vez más, la imagen con la palabra). Lo cual, hacía que su genio creativo nunca se agotase, tal vez.

Otro ejemplo: Juan Rulfo. Primero quería destacar la genialidad de sus fotografías y reflexionar sobre ello y la importancia de su obra literaria, pero ahora que lo pienso, al final Rulfo tomó más de 6000 fotos y sólo se publicaron dos libros escritos por él. ¿Será que al final las palabras si se le agotaron también a él?

Fotografía de Juan Rulfo

Ahora, aquel que se desarrolla dentro de dos ámbitos artísticos, ¿siempre es leído de la misma manera?  Imagen y palabra, muchas veces se sienten distantes, pero ambas tienen la misma función: comunicar. A veces me pregunto si la autora de mis fotografías es la misma que la autora de mis textos. ¿En qué somos diferentes? La fotografía muchas veces parece que es un ejercicio de la comunión de lo externo con mi ser, una manera de verme inmiscuida con todo lo que me rodea. Pero en la escritura buscamos lo contrario: la conciliación con lo interno, con todo aquello que no puede captarse con una cámara. Es difícil querer ahondar en la interdisciplinariedad, es como ser parte de un Cubo de Rubik, que hasta que no te rompes la cabeza, logras poner las cosas en orden para que todo se vea armónico.

Sea la literatura, sea la pintura, sea la fotografía o incluso la música, creo que lo más importante es nunca dejar que esa ansiedad por crear se muera. Pero también considero necesario reconocer en qué punto hemos dicho todo aquello que podíamos decir hasta ese momento, así como Rulfo con sus dos obras o Blake con su poema Eternidad. Puede que por ahora ya se me agotaron las palabras, así que tal vez, a partir de ahora, mi columna tendrá forma de fotografías, lo más seguro es que de esa manera termino diciendo más de lo que hago con las palabras. O tal vez sólo es momento de que ya deje todo esto y comience con las artes circenses, a ver si en esas me termino de entender. Esperemos que esta vez, no sea una malabarista mediocre.