Recuerdo que en los primeros semestres de la universidad uno de los temas que abordamos muy poco fue el ensayo literario. Un muy breve acercamiento al tema, que más bien era un acercamiento al ensayo académico enfocado en la redacción de ponencias.

En ese entonces yo era un empedernido lector de novelas y cuentos. Me fascinaba leer literatura del romanticismo y el realismo. Los géneros literarios los tenía muy arraigados en la construcción de la literatura canónica que leía.

Desapegarse del canon es abrirse camino hacía otros textos y poner en duda el concepto de lo literario. Esto me paso cuando descubrí el ensayo literario que aborda los temas desde el yo. Esto me paso cuando descubrí las relaciones entre elementos “culturalmente” distintos que puede abordar el ensayo. Ya no pongo en cuestión el término cultura, siempre término peleado y frustrado con mis ideas.

Esto me pasó con Strauss quería pastel (FETA, 2018) de Adrián Chávez (1989). Cuando llegué a este texto ya tenía una visión más clara de lo que era el ensayo literario. Aún no puedo definir con exactitud cuál es el componente central que caracteriza a este tipo de narración -sí, ya no creo en los géneros literarios, sólo en las narraciones-, a pesar de eso puedo decir que es lo que más disfruto leer y lo que más leo en estos días.

Strauss quería pastel se compone de doce ensayos en los que desarrolla la idea del cover desde la cultura popular. Algo que me encanta de este libro es la facilidad con la que puede hablar de la obra de Shakespeare, así como de El chavo del ocho o los Power Rangers. Adrián Chávez escribe sobre las relaciones entre la cultura y el individuo. El cover es sólo un pretexto para desmitificar las ideas de la alta y baja cultura; todo está relacionado de alguna forma y el gran acierto es encontrar las relaciones que se esparcen como diásporas. Todo emerge de un punto y a su vez emergió de otro lado.

Este libro es un micrófono ecualizado con la reverberación como punto de partida, en cuyo sonido las voces originales (de la música, del cine, de la literatura, del idioma) cuentan tanto o tan poco como las reproducciones de su eco. Lo importante es el resto: quién habla, quién escucha, quién transforma y quién habita la transformación.

ADRIÁN CHÁVEZ – 12

Hay un libro de Pierre Herrera titulado Dafen: dientes falsos (2017) en el cual aborda la siguiente idea: Ninguna obra es original,/escribió Gérard Genette retomando ideas/de Valéry y Borges. (Dafen: dientes falsos. p.83).

El primer ensayo, titulado “Strauss quería pastel”, habla sobre la resignificación y adaptación del Danubio Azul a la clásica canción de cumpleaños que cantamos en México: ¡Queremos pastel! Entonces, me surgen preguntas sobre la falta de originalidad de la que habla Pierre Herrera y pienso que es falso, la originalidad existe en la reinterpretación de significado que le damos a una obra. The Elephant Never Forgets de Jean-Jacques Perrey, canción utilizada en la cortinilla de El Chavo del ocho, es tan original como la clásica de Beethoven. Y puede ser que las palabras de Pierre sobre la originalidad no fueran enfocadas hacía este sentido, pero es la resignificación original que yo le doy.

El libro de ensayos de Adrián Chávez es también un recorrido hacia la interioridad. La conmoción que sentimos ante ciertos objetos y que no sabemos de dónde viene. Al menos eso es lo que me hace sentir el ensayo que habla sobre el miedo a las botargas. Entonces, pienso en aquello que me da miedo y sólo viene a mi mente la fobia hacía las alturas. Al buscar cómo surge ese miedo sólo puedo relacionarlo con el terror de no sentirme seguro con mis preferencias sexuales y sentir que si me descubrían no dejaría de caer. Tal vez sea rebuscado, pero este tipo de relaciones son las que le dan sentido al mundo que habitamos. Una forma de ficcionalizar la vida.

Cada ensayo busca dos cosas: las relaciones entre distintos productos culturales y explicar cómo cada reinterpretación es la visión particular de las creencias de una sociedad. En este sentido, mi ensayo favorito fue el que habla sobre Deaht Note y la adaptación estadunidense que hizo Netflix. Es mi favorito por dos motivos: Death Note es uno de mis animes favoritos y porque logra explicar el tipo de masculinidad que la sociedad norteamericana busca representar a través de sus adaptaciones.

El libro es muy sencillo de leer. Al menos yo lo leí en el transporte público de camino hacía el trabajo. La narración es muy didáctica. Comienza con los datos particulares, a través de una experiencia personal, para abrirse paso hacía lo general y también hacía algunas cuestiones de la sociedad actual.

Por último, el libro me hizo recordar temas y personajes que me acompañaron durante mi infancia y adolescencia. Es regresar a esa etapa con una mirada distinta, con una herramienta que ayuda a entender la profundidad del entretenimiento que consumía. Es un libro relajado y serio que cuenta más que la sobras “originales”.

¡Strauss quería pastel puede descargarse gratuitamente dando click aquí!