Las novelas fragmentarias siempre me producen cierta incertidumbre entre lo real y lo ficticio de lo que acontece en el mundo narrativo. Los primeros escritos que me hicieron sentir esta sensación fueron Los ingrávidos de Valeria Luiselli y Meth Z de Gerardo Arana. Esta reseña no es un pretexto para hablar de ellos, es para hablar de aquello que me gusta y los temas que me atormentan: la muerte, la realidad, la ficción.

Valeria Luiselli en Los ingrávidos escribe un párrafo que me gusta mucho: Las novelas son de largo aliento. Eso quieren los novelistas. Nadie sabe exactamente lo que significa pero todos dicen: largo aliento. Yo tengo una bebé y un niño mediano. No me dejan respirar. Todo lo que escribo es -tiene que ser- de corto aliento. Poco aire. (14)

La cita me gusta en especial porque, la mayoría de las veces, todo lo de corto aliento siempre lleva ideas claves -concretas o la mayoría de las veces son como diásporas- que me sacan de la cotidianeidad en la que vivo (o estoy ausente).

Esta experiencia me ocurrió con Caballo Fantasma (2020)de Karina Sosa Castañeda (1987). El libro comienza con una sentencia breve, pero con una imagen poética muy poderosa: Mi madre murió hace seiscientos días. No he podido llorar. (…) Yo pienso en las ausencias. Soy despiadada: en el fondo la muerte de mi madre es un pretexto literario. Un recurso más para paliar mi angustia. Estoy en este sitio por mi imposibilidad: no tengo con quién llorar y: “¿Qué es la muerte sin lagrimas?”. (9)

El inicio ya da para hacer un ensayo completo sobre el quehacer literario, sobre la ficción y la ausencia. La realidad del personaje, Karenina (Ka) – la protagonista se llama así por Anna Karenina de Tolstoi-, se va configurando a través de escritos fragmentarios, de citas de autores que le gustan y de espacios literarios unidos por la semántica del caballo. El caballo es sólo un pretexto para hablar de su madre. Para hablar de una mujer que nunca conoció y que sólo puede rellenar los espacios de su vida a través de ficciones. Ficciones relacionadas con la ausencia, con fantasmas y personas imaginarias que le dan un sentido a su existencia. En ese caso, ¿la ficción no es otra forma de vivir una realidad? El galopar del caballo es también una danza que configura el sentido.

Al morir mi madre comprendí que yo existía

Karina Sosa Castañeda (Caballo Fantasma)

Hay una tesis planteada a lo largo del libro que me gusta mucho. En el momento en el que comenzamos a crear ficciones es cuando nos damos cuenta de nuestra existencia: ficción y realidad son uno sola unidad conformada por todos los saberes que tenemos. Todo lo real puede ser ficticio. Esa es la labor literaria.

Al encontrar esto en este libro me doy cuenta de que mis obsesiones siempre me llevan – de alguna forma inconsciente- a los mismos lugares, a los mismos temas. Uno de mis directores favoritos es Lars Von Trier. Mi película favorita es Dancer in the Dark. Hace no mucho encontré que #bailar# también significa “hacer creer que algo falso es verdadero”.  En Caballo Fantasma estamos en una constante danza entre la ausencia y la vida. Verónica Gerber Bicecci habla de los conjuntos vacíos. La falta de estar en un lugar es también una forma de estar presente. Y esto ocurre con la ausencia materna de la que Ka nos narra. Toda ausencia es una forma de estar en el mundo.

Otro fragmento que llama mi atención es el de las polillas. Ka tiene un sueño en el que una polilla entra a su garganta y sus palabras se convierten en polvo. Hace unos meses descubrí que las polillas nacen sin boca. No. Algunas no tienen boca. Se transforman con el único propósito de morir, pero también el de procrear. De niño la portada de The Silence of the Lambs me generaba cierto encanto, miedo y rechazo. Acherontia Atropos -nombre científico del insecto-sí tiene boca, pero en la portada de la película es ella quien silencia. El insecto devora una de las necesidades más básicas del ser humano: la capacidad de comunicarnos. Tal vez esta razón hace que la protagonista sentencie lo siguiente: Desperté gritando. No hacía más que el nombre de mi fantasma: Ene. / Me alivio saber que mi voz no era polvo. (45)

N es el enigmático nombre de alguien ficticio, real, ¿qué más da? Lo importante es la función que ocupa dentro de la narración. Es quien le da un soporte de realidad a la protagonista. Saber que aún puede pronunciar el nombre de la ficción que ha creado es una forma de asirse a la existencia.

Quizás llevo todos estos días, los días en que he escrito todo esto, soñando. Como si un sueño pudiese llevarse hasta el extremo de la irrealidad. Pienso que tengo una vida vacía y por ello he inventado a mi madre, a los caballos, a los libros, a esas fotografías, y a él. A todos ellos.

Karina Sosa Castañeda (Caballo Fantasma)

Otro aspecto que me gusta mucho de esta narración es el constante diálogo que existe con otras obras. La mención de varios cuentos, poemas, novelas en donde los cabellos cumplen la función de protagonistas o una función metafórica como en los haikús de Basho. ¿Qué es aquello que la autora quiere decirnos con la configuración de su narración a partir de otros textos? Creo, y es algo que he creído durante mucho tiempo, la ficción tiene una función salvadora. No en su sentido poético al decir “leer nos salva”. No. Toda ficción maquinada por la mente sirve como base de nuestra existencia. Sin las ficciones es imposible moverse a través de la sociedad. Creo que no hay realidades fijas y constantemente llenamos los vacíos narrativos en nuestra vida con alguna historia.

Eso es salvar la vida.

La pintura es de Salvador Dalí: Mujer invisible dormida, caballo y león. La escogí porque me gusta. No hay otra explicación.