La música y la literatura tienen en común más cosas de las que a simple vista se pueden notar, desde apropiarse de un sistema (lengua-notas), para expresar nuestros pensamientos, emociones y… ¿por qué no? Improvisar un poco durante el proceso.

Es ahí donde pienso en el jazz, en alguien improvisando dentro de 16 compases, mientras el resto mantiene la base, esperando pacientemente su turno para destacar. Dedos deslizándose por el instrumento, a la cadencia del bombo y el retumbar del bajo, un frenesí de sentimientos y emociones que emergen a la vez en una grabación que suenan mientras escribo esto, pues no solo en la música y el jazz puedes improvisar.

Tomando de pretexto que ayer fue el natalicio del siempre ilustre Julio Cortázar, aprovecho la ocasión para volver a escribir (y platicarles), sobre ese gusto que tenía el argentino por el jazz, el cual aprovechó para improvisar a su propio ritmo por medio de letras.

Es bueno saber que hay más gente interesada en la relación de la música y la literatura, prueba de ello son los dos libros en los que me centraré hoy: Jazzuela y El Jazz en la Obra de Cortázar, textos en los que, por si no lo intuían, se explora la relación de ambos tópicos.

Al pensar en Cortázar muchos pensarán en una de sus grandes obras Rayuela, esa extraña novela que, al igual que el jazz, nos permite tomarla e interpretarla libremente y que está llena de referencias al género y personajes igual de apasionados por él.

Jazzuela es, en palabras de su autora Pilar Peyrats, “un humilde homenaje a Julio Cortázar”, un hallazgo que recorre la obra de Cortázar en general, centrándose en los capítulos 10 a 18 de Rayuela, tomando fragmentos de conversaciones, explicaciones, comentarios y pistas en torno a la música que escuchan los protagonistas.

El libro/disco es una pequeña enciclopedia de las preferencias musicales del autor, en donde Peyrats nos presenta 21 canciones, 19 que figuran en la novela y dos más que “están implícitas”.

Leer o escuchar Jazzuela es perderse en el mundo de Cortázar al ritmo de Duke Ellington, Louis Armstrong, Frank Trumbauer, Kansas City Six, The Chocolate Dandies, la voz de Bessie Smith, la guitarra de Bill Big Bronzy, la trompeta de Dizzy Gillespie, el sax de Coleman Hawkins, el piano de Eral Hine.

Este libro es perfecto para todos aquellos que, a lo largo de los capítulos 10 al 18 de la novela, alguna vez soñaron con formar parte del “Club de la serpiente”, en donde el jazz se vuelve un personaje más, un intercesor y catalizador.

Por otro lado, El Jazz en la Obra de Cortázar es un texto recopilatorio con motivo del ciclo El jazz de Julio Cortázar: En los 50 años de Rayuela en la Fundación Juan March de Madrid. En donde a partir de las obras, entrevistas, artículos, e incluso su correspondencia, se seleccionaron múltiples fragmentos en los que el jazz, ya sea mediante la mención directa de su terminología, la relación o  cita  discográfica,  mención de  músicos de  jazz, aparecen como el motivo principal.

A lo largo de sus páginas el lector puede irse adentrando en los gustos del autor, sus discos y músicos preferidos, el recuerdo de su primer encuentro con el jazz, sus opiniones sobre la historiografía o la relación del jazz con su escritura.

Podríamos pasar horas (o páginas) hablando sobre el tema, no es sorpresa que El Perseguidor sea un homenaje a un fallecido Charlie Parker, a quién Cortázar descubrió mientras leía la revista Hot Jazz, las referencias en Rayuela, etc. Esto es sólo una breve introducción al tema, básicamente les doy las herramientas y de ustedes depende improvisar lo demás. Cierro este número con esta frase que me gustó bastante:

Como le decía, si algo me hubiera gustado es ser lo bastante músico como para dominar la técnica de un instrumento de jazz y lanzarme a improvisar a la manera de un Charlie Parker”.

Conversaciones con Cortázar, Ernesto González Bermejo [entrev.]. Barcelona:  Edhasa, 1978, p. 107.

No olvides seguir la playlist de Letras y sonidos para descubrir más sobre el tema.