El amor es intenso, confuso, inesperado y ¿Calculado? El día de hoy Y. Domínguez nos comparte un interesante texto.

Soñé contigo hace unos días.

En realidad, lo que soñé fue que me hacía novio de una muchacha idéntica a ti, o a ti cuando eras una adolescente. No recuerdo qué tanto estaba haciendo yo, pero sí recuerdo que a mitad de una cita me separaba de La muchacha por un momento y me ponía a reflexionar hasta darme cuenta de que había un grave problema con esa relación, y era que ella me recordaba tanto a ti que mi mente era incapaz de separarlas a ambas; que estaba tomando como punto de partida con ella el punto de quiebre que hubo entre nosotros, y que el nivel de confianza que yo tenía con La muchacha no se correspondía con el tiempo que llevaba de conocerla

y es que la confianza
se vuelve grotesca si no es mutua.

Después de pensarlo bien, decidí que lo mejor era terminar con esa relación antes de que La muchacha se encariñara más conmigo. No había más que hablar.

Mientras iba de camino a volver a encontrarme con ella, estaba plenamente seguro de que eso era lo que haría.

La encontré.

Nos saludamos.

Empezamos a caminar por ahí de la iglesia.

Sin saber cómo empezar, yo la miraba insistentemente. Ahí fue que descubrí que tenía unos lunares en la cara y en el cuello que a ti te faltan. Me parecieron bonitos de ese modo peculiar (pero sincero) en que suelen parecerme bonitas muchas cosas que a la mayoría le parecen feas. Eso era lo que la diferenciaba de ti.

—¿Qué…? ¿Por qué me miras tanto? —me preguntó con esa mezcla de timidez y espanto que también tú solías tener cuando éramos unos adolescentes.

—No, nada —respondí—… Estás muy bonita.

Puedes leer el texto completo en nuestra biblioteca Collhibrí.