El actual panorama de la literatura en México tiene cierta tendencia al estudio del canon o de lo que consideramos literatura en ciertos parámetros estéticos subjetivos. Concebimos como literario todo aquello que entra en los parámetros de la narración escrita, olvidamos que, desde la semiótica, todo es discurso y todo es sujeto y objeto de una narración. El acto de la escritura debería de ser el eje central de los estudios literarios.

Pero estos criterios pocas veces son tomados en cuenta dentro del estudio literario y pasan a ser parte del estudio del arte conceptual y no de la escritura expandida, es decir, aquella que mantiene un diálogo constante con otros discursos: visual, auditivo, etc.

Ya en el siglo XX Ulises Carrión había sido consciente de esto. El acto de escribir no podía ser sólo plasmado en el discurso escrito y mucho menos ser catalogado como literario sólo por estar en los límites de un libro. Esto lleva a que Carrión, en los años setenta, abandone la literatura, mas no el acto de la escritura.

Ahora, dentro de esa tradición de escritura existen grandes exponentes femeninos como Verónica Gerber Bicecci (artista visual que escribe). La primera lectura que realicé de Verónica Gerber fue Mujeres Polilla, donde recorta en pedazos circulares el poema Catálogo de las mujeres. Devorar palabras. En Mujeres Polilla las palabras del poema misógino son devoradas por la mujer polilla que nace de la resignificación de un texto.

El tiempo, el espacio, el lector son los factores que logran darle significado a un texto. La literatura es objeto literario debido a las circunstancias de su creación. Un día (poemas sintéticos) de Juan José Tablada se publicó en 1919. El poemario está compuesto por varios haikús que hacen referencia a los momentos del día: la mañana, la tarde y la noche. Otro día (poemas sintéticos) de Verónica Gerber Bicecci se publicó 100 años después del libro de Tablada. La fecha es un elemento muy significativo. Es un recordatorio de como la naturaleza armoniosa y tranquila que evoca el poeta ha cambiado por una naturaleza feroz, hostil y esto sólo es culpa de la mano del hombre, de su dominio de lo natural entendido como progreso. Para ilustrar los poemas, al igual que Tablada, Gerber utiliza imágenes circulares y estas son las que se enviaron al espacio en el Disco de Oro, en 1977. Única prueba de que existió la humanidad.

Las imágenes no son ilustrativas de lo que leemos, una vez más, no hay que separar el texto de la imagen, de los colores; leer en conjunto, un solo significado. El Pavorreal de Gerber no es aquel que se muestra magnífico en su andar; es el que nos mira para ver en sus plumas la catástrofe ambiental. La escritura de Gerber Bicecci cuestiona y hace crítica a través de la unión de distintos discursos. Resignifica textos a partir de la imagen para crear una consciencia social. Así es cómo uno se acerca a la literatura. Con el propósito de incomodarse ante la voz ajena.

Leer a Gerber Bicecci es reconfigurar los procesos de lectura a los que estamos acostumbrados. Es retarse como lector a leer de otra forma, desde otro lugar. A entender imágenes, sonidos y letras como un conjunto. No se codifican por separado. En la búsqueda de una nueva forma de leer, me acerqué a textos como los de Gerber Bicecci, pero también a Vivian Abenshushan, Daniela Bojórquez, Julia Norzagaray, etc. En todos estos textos la voz siempre está reconfigurándose. El libro como metonimia de  lo literario no existe, porque la escritura se encuentra en cualquier parte; diferentes soportes que se desbordan por los límites de cualquier artefacto que se proponga contenerla.