En el futuro se escuchará Plastic Love en cada rincón del mundo. Al menos ese es un escenario del fin con el que me gusta fantasear. Pensar en una eternidad escuchando mi canción favorita. Pero nadie la conoce. La han olvidado. Entonces la canción se transforma en una voz distorsionada y la eternidad se convierte en olvido. En este espacio soy el único habitante. La primera vez que escuché Plastic Love me produjo sentimientos de melancolía por un lugar que no conozco, por un pasado que nunca tuve.

Puella Magi Madoka Magica fue uno de los últimos animes que vi. Para escribir esto regresé a verlo y en el último capítulo me pude identificar con la melancolía que siente la mamá de Madoka al escuchar el nombre de su hija: melancolía producida por el olvido, el recuerdo de una incertidumbre.

Plastic Love y Puella Magi Madoka Magica me producen la misma sensación. La fantasía de imaginar momentos tristes por los que no he pasado, el amor a lo que no he perdido y la incertidumbre sobre lo que recuerdo.

No hay pruebas o recuerdos de tu existencia en este mundo (…) Nadie podrá ser consciente de ti y nadie podrá interactuar contigo

Puella Magi Madoka Magica, 12

Cuando iba en la secundaria me pasaba la mayor parte del tiempo en la casa de un amigo con quien me gustaba cantar Mujer contra mujer y All the things she said. Con él vi la mayoría de los animes que recuerdo con cariño. Por él conocí a t.A.T.u. Con él me descubrí homosexual y él me enseño cómo es un hombre trans. Porque antes de reencontrarlo como Mauricio lo conocí como (A) (no pienso poner un nombre con el que ya no se identifica). Entonces llegó a mí ese sentimiento de nuevo: el de la melancolía por el olvido. Comencé a imaginar cómo hubiera sido todo si desde el principio yo y todos a su alrededor lo percibiéramos como un él. Sentí nostalgia por conocer de nuevo a mi amigo.

No sé si un sentimiento como el de la melancolía por el olvido exista, pero sí que se han ensayado algunas cosas sobre la memoria a lo largo de la literatura; punto medio entre estos dos sentimientos. La melancolía, el olvido y la memoria han sido uno de los temas de discusión más recurrentes; Burton, Borges y Aira son aquellos de quienes más tengo presentes estos temas. Toda esa tradición literaria ha puesto su peso (y lo carga con facilidad) en Un tlacuache salvó este libro del fuego (ODO Ediciones, 2021) de Daniela L. Guzmán, quien ya ha publicado Noche de pizza con mi villano (Editorial Dreamers, 2019)

Este archivo será encontrado en un futuro dentro de un bunker. De alguna forma, cruce entre espacios y tiempos disonantes, tenemos la oportunidad de leer este libro en este tiempo que aún no ha sido devastado (o salvado) por el olvido. Un tlacuache salvó este libro del fuego se compone de cinco relatos (cuentos, ensayos [predicciones]) que giran en torno a variaciones de la extinción, de la memoria, el olvido y los actos de amor. El recuerdo es la única certeza de la vida, pero el recuerdo es nada.

Tsu me explicó que los seres humanos reescriben su soledad. Se están reinventando como los únicos en el planeta.

Por eso, cuando una especie se extingue, no escriben obituarios. Borran los registros históricos, queman nuestros nombres en el fuego. Hacen un voto de silencio y los presidentes decretan olvido nacional. Tsu dice que no es olvido para nosotros. Es olvido para ellos, pues son ellos quienes no soportan la vergüenza.

Prometeo con carita feliz ツ

Un tlacuache que busca preservar la memoria guarda un montón de textos en los que se habla de lo que alguna vez fue su existencia. Resistirse a olvidar. Sin embargo, el olvido y la extinción también son formas de salvación porque el recuerdo nunca abstrae la esencia, sólo crea otros seres parecidos a lo que se dice fue el inicio. Cuando leí “El cielo de los entrenadores Pokémon” me adentré a su realidad glitchy que muestra la incapacidad del recuerdo para evitar la extinción porque cuando algo desaparece lo hace para siempre, sólo se crean nuevas formas punitivas para la vida. La esperanza es también la desesperación.

Tu vida no tiene principio ni fin

Puella Magi Madoka Magica, 12

Tengo fe en los actos que realizamos como prueba de lo que se dice fue el origen. Contar historias y guardarlas es uno de esos actos. En Puella Magi Madoka Magica, Akemi Homura es la única que recuerda a Madoka luego del sacrificio que esta ha realizado para salvar de la desesperación a todas las chicas mágicas de la existencia: Madoka se convierte en Dios, en un concepto. Akemi camina en la calle por el atardecer (imagina que suena Plastic Love de fondo como recordatorio de lo que fuimos) y se encuentra con el que fue el hermano de Madoka. El niño tiene un recuerdo de quien fue su hermana, la dibuja. El atardecer cae. La madre de Madoka sólo siente una extraña melancolía al escuchar ese nombre. Tal vez todos hemos olvidado algo esencial y eso es el recordatorio de la extinción y de la salvación: una extraña dicotomía.

¿Qué tiene que ver Plastic Love, Puella Magi Madoka Magica y t.A.T.u con el libro? Creo que la escritura y su presentación va mucho más allá de la forma prototípica del libro. Cuando me enteré de que Un tlacuache salvó este libro del fuego tenía una playlist oficial, realicé una segunda lectura, pero ahora escuchando las canciones de la lista. Amé mucho más el libro al ver que tal playlist se conformaba de las obsesiones que en algún momento estuvieron muy presentes en mi pubertad y adolescencia. El city pop como una forma de añorar lo que no tenía. Al leer el texto City Pop – La música de los felices años 80 nipones (2017) de Álvaro Arbonés cobra sentido esa necesidad de escuchar esta música para sentir que tengo algo inalcanzable porque ya no existe para ningún tiempo.

Omoide to kasanariau

Plastic Love

En la playlist del libro esta canción es reformulada. Bajo la producción de Astrophysic (ufff, excelentes remixes cyberpunk de canciones de anime) y con la voz de Berioska (participante de La Voz Perú) logran dar una sensación de mundo devastado al escuchar la canción. Entonces, Plastic Love se convierte en la música de fondo del libro, una canción que suena todo el tiempo para recordarnos el fin. Entonces, Plastic Love ya no es la canción que me permite alcanzar lo perdido, es la canción de un próximo destino. No quiero que sea así. Daniela L. Guzmán nos plantea un futuro desolado con una realidad glitchy-glitzy mientras de fondo suena una canción del pasado, presente, futuro.

¿Cómo sería si nosotras nos convirtiéramos en monstruos juntas y diéramos vuelta a este mundo? Para que no quede nada malo o triste. Destruir, destruir, destruirlo todo. ¿No estaría bien eso?

Puella Magi Madoka Magica, 10

Playlist y libro inician de la misma forma. Magia es el ending de Puella Magi Madoka Magica. Al igual que el tlacuache, Akemi Homura busca salvar la memoria para un futuro inexistente.

Si hemos de desaparecer, está bien. Ya no existiremos. Pero existiremos aquí, en el papel. Existiremos en los mitos que dentro de un largo futuro, alguien desenterrará. Seremos reales para quien encuentre nuestras historias.

Después de sellar la tapa del búnker, cubrimos ese espacio con tierra. Y, sobre el montículo, Tsu la dibujó como aquel día, con una rama seca: ツ

Mientras yo viva, mientras al jaguar le queden horas en la tierra, no voy a dejar que se borre la carita del Prometeo animal sobre el desierto.

Prometeo con carita feliz ツ

El futuro sólo se poblará con relatos: conejos, zorros, cocodrilos, tlacuaches, jaguares y ratas. El sacrificio por el bien es la extinción de todo. Giorgio Agamben escribe en El fuego y el relato (Sexto Piso, 2016) que cuando seamos incapaces de encender el fuego, recitar las oraciones, encontrar el bosque sólo nos quedará el relato. La literatura es la memoria del fuego perdido. El tlacuache no sólo robo el fuego de los dioses, también robó la memoria y, a pesar de la culpa cósmica que siente, la salvó del fuego. Salvó esta vida del fuego.

Pueden descargar el libro gratuitamente (también pueden dar una propina a la autora) en este enlace: https://danielalguzman.com/tlacuache

Artículo sobre el city pop: https://www.caninomag.es/city-pop-la-musica-de-los-felices-anos-80s-nipones/